Atras quedaron los tiempos en los que el café en grano que traían los familiares que viajaban a Lisboa o a Oporto a comprar mantelerías bordadas y criticar los sucio que estaba Portugal por aquellas fechas se molía en casa con el molinillo de café con cajones de madera.En el acto para que n perdiera aroma, porque como los tarros de antes no cerraban herméticamente, si se ponía en un bote, con tapa de rosca, a los dos días el aroma salía por la ventana.
Vaya pues el recuerdo al Molinillo de café, con cajoncito de madera, con el que nuestros abuelos molían el cafetito.

